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PARASHA BO - Éxodo 10:1-13:16-פרשה בא

ASUNTOS PUNTUALES DEL TEXTO


Las últimas tres plagas son enviadas sobre la tierra del Egipto: 1- langostas devoran todas las cosechas y vegetales; 2- una oscuridad tangible envuelve a la tierra; 3- todos los primogénitos de Egipto son eliminados la medianoche del 15 de Nisan, en calendario hebreo.


Di-s ordena la primer Mitzva (precepto) al AM Israel: establecer un calendario basado en el ciclo mensual lunar. Los Israelitas son también instruidos para ofrecer un “Sacrificio pascual” a Di-s: un cordero o un cabrito que debía ser degollado y parte de su sangre debía ser salpicada sobre las jambas de las puertas de cada casa Israelita, para que Di-s las saltee cuando venga a matar a los primogénitos egipcios. La carne asada de la ofrenda debía ser comida esa misma noche junto con matzá (pan ácimo) y hierbas amargas.


La muerte del primogénito “acaba” con la resistencia del Faraón y echando a los Hijos de Israel de su tierra. Parten sin tiempo para que sus masas Suban, que las únicas provisiones que tienen son sin leudar. Antes de irse, piden de sus vecinos egipcios oro, plata y ropas, vaciando a Egipto de su fortuna.



Los Hijos de Israel son mandados a consagrar todos los primogénitos y observar el aniversario del Éxodo cada año a través de deshacerse de todo alimento leudado durante siete días, comiendo matzá, y contando la historia del Éxodo a sus hijos.

También son mandados a ponerse Tefilín (filacterias) en el brazo y la cabeza, como un recordatorio del Éxodo y su compromiso para con Di-s.


PARASHA EN PROFUNDIDAD, ESTUDIO DETALLADO


Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama Leibowitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 Págs. 124-128.


Y te será como señal sobre tu mano y como recuerdo entre tus ojos, para que esté la Ley del Señor en tu boca, porque con mano fuerte te hizo salir el Señor de Egipto. 13, 9
Así será como señal sobre tu mano, y como frontales entre tus ojos, porque con poder de mano el Señor nos sacó de Egipto. 13, 16

Rambam se hace eco del Talmud al hacer uso del versículo “Asienta campamento el ángel del Señor en derredor de los que Le temen, y los salva” (Tehilim 34, 7) para ilustrar la santidad especial de los “tefilín”, cuando expone el precepto de su Código, Reglamentos de los tefilín y de la Mezuzá, Cap. IV. De un modo similar sirven los tefilín como ángeles guardianes designados por Dios para salvar al hombre del pecado y para recordarle su responsabilidad para con El. El hombre es prisionero de sus cinco sentidos; va en pos de sus ojos. Necesita por lo tanto símbolos y advertencias sensibles que lo mantengan en la senda recta. Por lo cual nos parece muy acertada y bella la motivación que leemos en el Séfer Hajinuj:


Siendo el hombre de materia, sería arrastrado indefectiblemente por el deseo, porque es propio de la carne buscar ciegamente lo que es placentero, como lo hacen el caballo o la mula, si no fuera por el alma con que lo agració Dios, que le impide, según la fuerza espiritual de cada una, caer en el pecado. Puesto que el alma está confinada en el mundo material, lejos de su origen, ocurriría que siempre sería vencida; que jamás tendría la fuerza suficiente para sobreponerse. Requiere en consecuencia muchos guardianes que la preserven de su perversa compañía, para que ésta no se levante y la aniquile mientras permanece dentro de su jurisdicción. El Santo, alabado sea, quiso, por lo tanto, conferirnos, como pueblo santo, una oportunidad para hacernos meritorios.

Para ello dispuso en derredor nuestro a valientes guardianes. Nos fue ordenado, por lo tanto: No interrumpir, ni de día ni de noche, nuestra meditación en la Torá; hacernos flecos en los cuatro bordes de nuestra vestidura; colocar mezuzot sobre las jambas de nuestras puertas y tefilín sobre nuestro brazo y sobre nuestra frente. Todo esto debe recordarnos que no pequemos al dejarnos arrastrar en pos de nuestros ojos y de las inclinaciones perversas de nuestro corazón y que no incurramos en injusticia contra el prójimo …Y tú, hijo mío, observa muy bien cuán superior es la potencia de la carne sobre el espíritu pues no obstante todos estos guardianes sucede que rompe nuestras defensas. Sea el Señor, en Su misericordia, ayuda y guardia nuestra, amén.

Lo mencionado no explica sin embargo el motivo por el cual el precepto de los tefilín fue mencionado dos veces en este capítulo en conexión con el Exodo de Egipto, tanto en el párrafo “Kadesh”, como así también en el párrafo “Vehayá Ki Yeviajá”. ¿Cuál es la relación entre los tefilín, en su papel de guardianes espirituales, de “ángeles asentados alrededor del hombre para salvarlo del pecado” y el Éxodo? Rambán explica extensamente el nexo. Concibe el Éxodo y las maravillas concomitantes como el gran testimonio de la existencia de Dios, que creó al mundo de la nada, omnisapiente, providente, y todopoderoso. Este fue, en realidad, el propósito de los milagros, según leemos: “A fin que sepas que Yo soy el Eterno en medio de la tierra.” Luego que hubo explicado el significado de los signos y de los milagros como promotores de la fe y fortalecedores del espíritu humano, siguió diciendo:


Dado que el Santo, alabado sea, no llevará a cabo milagros en cada generación, para convencer a cada malvado o a cada ateo, nos ordenó que reconstruyamos continuamente lo que vieron nuestros ojos y lo repitamos a nuestros hijos y ellos a los suyos hasta la última generación.

El Señor confirió suma y grave importancia a este asunto. Exigió que anotemos en las jambas de las puertas de nuestras casas, todo lo que vimos … Promulgó numerosos preceptos cuyo propósito es mantener vivo el recuerdo del Éxodo a través de las generaciones … Quien compra una mezuzá y la fija en la jamba de su puerta, realizando todo con la debida intención, atestigua ipso facto que el mundo fue creado por Dios; expresa su fe en Su providencia, en sus profetas y en todos los fundamentos de la Torá, y reconocimiento por la infinita merced con que agració a los que hacen Su voluntad y por habernos extraído de la esclavitud a la libertad … Y por ello dijeron nuestros Sabios: Cuídate muy bien en cumplir la mitzvá de poca importancia del mismo modo en que te esfuerzas en cumplir la mitzvá importante, pues todas son valiosas y queridas, pues el hombre reconoce por su intermedio, en todo momento a Dios. La intención común a todos los preceptos es de que creamos en Dios y lo reconozcamos como nuestro Creador. Esta es también la intención de la Creación, fuera de éste, a saber, que el hombre conozca y reconozca a Dios que lo creó.


Según Rambán, la relación entre los milagros del Éxodo y los tefilín es como la relación entre el agua madre y los cristales, perfectos y maravillosos en su arquitectura, de duración infinita. El amor al Señor, que se reveló en la generación del Éxodo junto a los milagros que lo acompañaron, se purificó y solidificó convirtiéndose para las generaciones subsiguientes en los tefilín, que, al coronar la cabeza y adornar el brazo, reviven en la mente y en el corazón aquella vivencia ardiente y ayudan a vivir cotidianamente con la fe de que existe una divinidad que creó al mundo de la nada, omnisapiente, providente, y todopoderosa, y a la cual expresamos nuestro agradecimiento por habernos creado, pues ésta fue la intención de la creación, no existiendo otro objetivo en la creación fuera de éste: “Que el hombre conozca y reconozca a Dios que lo creó.”

También Rabí S.R. Hirsch concibe la relación entre el Éxodo y los tefilín como expresión de agradecimiento por la gracia recibida. Encuentra en el texto una alusión:

“Así será como señal sobre tu mano y como frontales entre tus ojos, porque con poder de mano el Señor nos sacó de Egipto”.

No fue nuestra mano la que nos redimió en Egipto, sino que fue la mano de Dios la que nos devolvió el vigor de la nuestra, vigor que habíamos perdido allí. Nuestra mano, que había estado aherrojada en Egipto, fue liberada con un sólo propósito: Que la subordinemos a Él, y sólo a Él.


El yugo de Egipto fue quitado de encima nuestro a fin de someternos al yugo divino, pues no es libre sino quien se somete al yugo de la Torá. Después que hemos aclarado la relación de estos versículos con el Éxodo, pasemos a examinarlos desde el punto de vista de su sintaxis para que podamos responder luego a la pregunta: ¿Cuál es su significado simple y llano? Veamos, en primer lugar, la interpretación de Rashbam, sorprendente y asombrosa a la vez:


“Como señal sobre tu mano” – el significado simple es: Será un recuerdo permanente, como si estuviera escrito sobre tu mano, en el sentido que tiene el versículo: “¡Ponme como sello sobre tu corazón!” (Shir Hasdhirim 8,6).

“Entre tus ojos”: Como una joya y una cadena áurea que es usual colocar sobre la frente como adorno.

R. Abraham Ibn-Ezra critica enérgicamente esta interpretación:

“Y te será”: Hay quienes están en desacuerdo con nuestros santos antepasados al decir que las expresiones “como señal” y “como recuerdo” tienen el mismo sentido como lo que leemos (Mishlé 1, 9): “para tu cabeza una guirnalda de gracia y collares para tu cuello”; del mismo modo interpretan “y las atarás por señal en tu mano”, como si tuvieran ante sí el versículo (Mishlé 6, 21): “Átalos de continuo sobre tu corazón”. Explican “Y las escribirás sobre las jambas de tus puertas” lo mismo que (Mishlé 3, 3): “Escríbelas en la tabla de tu corazón”. ¿Y qué es según ellos, el signo o la señal? El que esté de continuo sobre tus labios el hecho que el Señor con mano fuerte te hizo salir de Egipto.

Esto es incorrecto. En el principio de Mishlé está escrito: Los proverbios de Shelomó, o en traducción, literal: Las alegorías de Shelomó. Todos sus proverbios fueron alegóricos, pero, el Pentateuco no es alegoría. Lo escrito en él debemos entenderlo en su sentido simple, salvo aquellos lugares que el sentido común nos dicta interpretar alegóricamente, por ejemplo: “Circuncidad, pues, vuestros corazones” (Devarim 19, 15).

En el comentario Harejasim Labiká al Pentateuco, encontramos un dictamen en esta controversia, opuesto a la opinión de Rashbam.


“Para que esté la ley del Señor en tu boca”: Siempre. Cuando coloques estas señales sobre tu mano y sobre tu frente, recordarás siempre la Ley en tu boca. El final del versículo denota el argumento de quien interpreta su comienzo con un estilo libre.


¿De qué modo anula el final del versículo la interpretación de Rashbam?


Al concebir el acto de recordar la Ley, mental y oralmente como objetivo del precepto. Resulta entonces que los tefilín son el medio – señal y símbolo – que activa el recuerdo. Si la intención del versículo no hubiera sido una señal concreta, atada a la frente y a la mano, sino tan sólo el acto de recordar, ¿cómo puede ser la memoria, a la vez medio y meta? Por fuerza debemos admitir que el texto se refiere a un signo concreto que se sirve de medio para avivar el pensamiento y la palabra.

Pero, aún no hemos comentado el versículo desde el punto de vista sintáctico.

Examinemos con tal propósito dos comentarios:

Y te será como señal sobre tu mano, y como recuerdo entre tus ojos, para que esté la Ley del Señor en tu boca: Porque con mano fuerte te hizo salir el Señor de Egipto. 13, 9

Rambán:


La construcción lógica del versículo debe ser: Y te será como señal sobre tu mano, y como recuerdo entre tus ojos, porque con mano fuerte te hizo salir el Señor de Egipto, para que esté la Ley del Señor en tu boca.

Y debe ser interpretado así: Que anotes sobre tu mano y entre tus ojos el Éxodo de Egipto y lo recuerdes siempre a fin que esté la Ley del Señor en tu boca, y para que guardes Sus mandatos, pues Él es tu Señor que te redimió de la Casa de la Esclavitud.

Haamék Davar:


“Y te será señal”: Tampoco, esto, la ofrenda pascual ni la narración de Pesaj (la Hagadá) son suficientes, por ello harás algo que te recuerde cotidianamente el Éxodo. Un padre narró a su hijo un relato, con una moraleja importante. Luego, cotidiana y brevemente le recordaba el contenido de la narración. Así que hubo transcurrido un año volvió a relatarla inextenso. Igualmente nos ordenó el Señor que después del relato de Pesaj hagamos señales, cotidianamente, sobre la mano y la frente, cerca del corazón y de la mente, asiento de los sentimientos y de los pensamientos respectivamente.

“Porque con mano fuerte”: No te asombres de que Dios nos haya ordenado cumplir con tantos preceptos con el objeto de fortalecer la fe en Su providencia. Sabes también cuán difícil es alcanzar la fe, que tampoco se acepta de buen grado, de ahí la “mano fuerte” con la que sacó el Señor de Egipto porque los hijos de Israel no estaban dispuestos a aceptar la Providencia del Señor. Este es el origen del Midrash de Shemot Rabá sobre el versículo “Mas ellos no escucharon a Moshé por impaciencia de espíritu y a causa de la dura servidumbre” (Sehmot 6, 9). En otras palabras, estaban sumergidos en la idolatría, de lo que podemos inferir que no querían salir de Egipto. En efecto, apenas hubieron oído el primer discurso de Moshé, en el que les anunció que el Señor los había recordado, creyeron, inclinaron la cabeza y adoraron (Shemot 6, 31). Pero, después que en la segunda alocución les hubo comunicado que el Señor sería su Dios, es decir, que Su providencia habría de ser ejercida sobre ellos conforme a sus acciones, no todos estuvieron de acuerdo en oírlo, hasta el punto que tuvieron que ser redimidos a pesar de su oposición. En los asuntos que le resulta difícil al hombre admitir, son necesarios muchos actos para arraigarlos en el corazón.


¿En que difieren ambas explicaciones? En la interpretación de la palabra “Ki” (= porqué) y en la función que es adjudicada a la oración subordinada “porque con mano fuerte te sacó el Señor de Egipto.” Rambán opina que esta oración complementa “Y te sacará como señal”. “Haamek Davar” en cambio la considera como oración casual. Rambán se sintió autorizado a explicar este versículo según la regla trigésimo primera de las treinta dos conforme a las cuales se puede interpretar la Torá. Dicha regla enuncia: “Lo anterior en el texto, que es posterior en el asunto.” Los Sabios de la Mishná aconsejaron en estos casos: “Cambia el orden del texto y luego explícalo”. De lo cual resulta claro que el final del versículo es la esencia del mandato que se enuncia en su principio, y su parte media es el objetivo por el cual hay que fijar esta señal.

Después de enseñarnos cual es el orden lógico del versículo, agregó Rambán una explicación en la que sustituye el complemento explicativo “porque con mano fuerte …” con otro complemento más simple, sustantivo, el Éxodo. No deben llamarnos a confusión las últimas palabras de Rambán: “Porque Él es tu Señor que te redimió de Egipto” y suponer que sustituyen y explican la oración: “porque con mano fuerte …”, y que explicó la palabra “Ki” como término casual. No. Estas palabras son más que un agregado a la explicación.

Haamek Davar, que según hemos visto califica a esta oración de casual, interpreta “Ki” como significativo, “debido a que”. Es difícil decidir entre ambas explicaciones, pero parece que la construcción del versículo y el paralelo entre sus partes inclinan la balanza por la segunda explicación. Veamos:

Y te será como señal sobre tu mano y como recuerdo entre tus ojos … porque con mano fuerte te sacó el Señor de Egipto. 13, 9 Y el segundo párrafo: Así será como señal sobre tu mano y como frontales entre tus ojos, porque con poder de mano el Señor nos sacó de Egipto. 13, 16


Vemos entonces que la colocación de la señal sobre la mano debe recordarnos el poder de mano; debe ser símbolo de agradecimiento por la gran mano con la que el Señor obró maravillas para nosotros.

Tratemos ahora de comprender la esencia del versículo. Rav Kuk explicó en toda su profundidad el significado de este precepto en su obra “Olat Reayá”, comentario al Sidur:

Las maravillas deben ser grabadas en el corazón, fuente activa de la vida, y en la mente, asiento del pensamiento. Ambos conjuntamente convertirán la naturaleza profana del hombre en naturaleza santa y divina, y la ley será natural en su boca y en su corazón. Estos preparativos son necesarios porque el objetivo del éxodo de Egipto fue la lucha contra la naturaleza bruta de la vida, que sumerge al hombre en las profundidades de lo mundano. El principio material de la vida es tan poderoso, que, para doblegarlo, y lograr que se manifieste dentro del hombre la luz santa en él oculta, es necesario una mano fuerte, como aquella que se manifestó en el Éxodo.

A causa de esto los actos de vestir los tefilín sobre el brazo y sobre la frente son necesarios para convertir la fuerza mundana y bruta de la vida en una fuerza noble, henchida de santidad.


El Rab considera el Éxodo no sólo como un acto de liberación política, sino que también como un acto de redención del yugo espiritual, del estar sumergidos en la arcilla de la vida mundana. El Rab prosigue:


Por tal motivo, sólo después que te hubieras esforzado y luchado para que los tefilín se conviertan “en señal sobre tu mano y en recuerdo entre tus ojos”, sólo entonces, estará la Ley del Señor en tu boca. Del mismo modo que en aquel entonces fue necesario la mano fuerte del Señor para doblegar el espíritu mundano y bruto de la humanidad que se manifestó en Egipto, del mismo modo es necesario que al proseguir esta obra, de sobreponer lo sagrado sobre lo mundano, lo hagamos con mano fuerte; con la fortaleza y el poder del precepto de los tefilín, exaltado con la santidad de lo escrito en ellos, santidad que abarca con redoblada fuerza la obra y la idea, la mano y el ojo de la inteligencia. Sólo con esta grande y redoblada fuerza podremos proseguir lo que fue logrado desde aquel entonces con mano fuerte.


La salida de Egipto no es por lo tanto un acto único, sino que es una misión impuesta al hombre en cada generación. La victoria sobre la naturaleza mundana del hombre es necesaria para que se manifieste en su interior la luz de lo sagrado, oculto en lo profundo de su corazón. Esta victoria exige un esfuerzo tal, que no es posible alcanzarla sin ayuda, sin agregar poder y energía a la obra – la mano – y a la inteligencia – el ojo que ve y comprende – a fin que el hombre pueda continuar con su mano lo que el Señor hizo con poder de mano. Esto es, según el Rab, el significado del precepto de los tefilín.






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